miércoles, 8 de febrero de 2017

Vuelta a la guerra

Finalmente fue rumbo a la guerra. Críticas directas, interrupciones pocas consideradas, aprendizajes a palos, malestares en todos los sentidos. Pero curiosamente la paciencia de Georgia y su colega aumentaba conforme la situación se ponía más crítica. Era invidente la depresión dado el desprecio pero ambos se alegraban por su capacidad de vivir en el intento de mejorar cada día dejando atrás los errores ya cometidos, y por no tener esas réplicas silenciosas frente todo aquello como cualquier otro tendría (nuestro amigo chofer,quien era testigo de todo aquello, se enfadó más que nosotros). Es más,  supimos agradecer todo lo que nos trataron de enseñar y preferimos tomar la decisión de hacernos más que profesionales que explicarles que realmente hacer de buen guía turística no era nuestro trabajo dado que somos acompañantes, por eso contábamos con guías locales.
Al final todo tiene su recompensa. Los mismos que nos criticaron tuvieron que reconocer que nuestro servicio fue excelente (y de eso se trataba nuestro trabajo), los padres se conectaron un paso más con los niños y tantos unos como otros aprendieron la importancia de lo que no nos cansamos de repetir, agradecer.
El mismo agradecimiento se nos devolvió por su parte a la hora de despedirnos uno por uno.
Fueron muchas gracias y lágrimas...
Todo por las sonrisas que nos empeñamos en sacarles cada momento...

domingo, 29 de enero de 2017

Rumbo desde la guerra

"Esto parece el fin de la tierra" pensó Georgia al llegar a la otra punta del aeropuerto atravesando el pasillo que comparado con otros aeropuertos, parece Lilliput. Ya en sí, en ese espacio aeropuertario había escasa respiración humana y ese rincón directamente estaba en estado yermo. Mirabas los cristales y los asientos vacías con la sensación de que te situabas en un edificio abandonado de la segunda guerra mundial o de pronto podías sospechar que no estabas sino en un en una de esas burbujas grises donde el gobernador es Dios y obliga a que la gente vea un arco iris en el cielo sin sol.

Tras un té en estado sonámbula. Georgia levantó a cabeza y saludó al pájaro metálico.

Era hora de volar.

viernes, 20 de enero de 2017

Los sueños de monstruo

Georgia estaba tan despierta pero saturada a la vez que cuando miró por la ventana se preguntó por qué estaba el cielo oscuro. Cierta parte de su consciente le hizo sentir que llevaba tanto tiempo sentada que se había hecho de noche. En realidad, era ya de madrugada. O tal vez el subconsciente había tomado directamente el poder sobre ella haciendo que sus percepciones fuesen más irreales, más románticas aunque más crueles porque seguramente haya aprovechado para recordarle algunas verdades que ella no quiere reconocer pero en el fondo sufre por ellas.
Aún tenía detalles que contar, como solía decir, aún tenía que soltar demonios de la cabeza (y que no nos quepa duda de que Georgia llevaba bestias inmensas dentro de ella en esos momentos, algunas serán dulzuras pero, ¡bestias eran! ) pero a pesar de que era más bien hora para levantarse que para dormirse, no pudo evitar la pesadez de los párpados al sentarse en la cama.
(Despertador de las 6.00 activa)
Entró en sueños...
Los sueños.
Donde vienen los monstruos a verla, donde puede ver esos ojos que apenas aparecen en vida real.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Nostalgia a Nueva York

Día 21 de noviembre.
Georgia masticaba el pan con tomate que parecía del día anterior mientras trataba de apaciguar el corazón roto tras perder una cita que ya en sí iba a ser demasiada fugaz comparado con lo que le hubiese gustado. Se le pasaron los minutos como horas esperando a que llegue el momento de encuentro, pero el destino acabó gastándole una broma.
Las nubes grisáceos aparecían del cimborrio gótico y desaparecían trocito a trocito hasta despejar  el cielo y vaciar la alegría a Georgia.
Tomó otro sorbo de té, ya frío, e hizo una mueca de asco, juraría que le habían dado una muestra gratis de bolsa de té.
De nuevo se le nublaron las miradas y se le fue la mente. 

Una damisela bajo un arco de la catedral, esperando el regreso de su príncipe.

Vuelve, Nueva York.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Don Juan

Padre, cree usted en la reencarnación? - Georgia siguió hablando sin esperar la respuesta de Don Juan, el cura de la parroquia, quien le sonreía como solía hacer años atrás en clase - después de una vida, nos espera otra, hasta alcanzar a todas las virtudes de nuestra esencia y ser tan iluminados como Dios. En Dios sí tiene Fe, verdad? - la preguntó como si ése le fuese a decir que no, aunque la respuesta era obvia.
En el despacho del padre marcaba ya las ocho de la tarde pero las campanas todavía no había sonado, le faltaban cinco minutos. Quizás un ángel haya retrasado adrede el tiempo para insinuar que todavía no era el momento de partida.
Yo estoy convencida de que en la vida pasada fui europea, por eso entrar a una iglesia antigua, normalmente, me trae paz.- confesó Georgia -
Es porque aceptas la paz de Dios, de la naturaleza - aseguró Don Juan - abre tú corazón de la misma manera al mundo y encontrarás la felicidad -

Qué es la felicidad? Una pregunta milenia de la humanidad.

Georgia, mochila en la espalda, botas unisex; juntó sus pasos y contempló el reloj de la torre como si fuese a bajar la bandera. Faltan cinco minutos para las ocho de la tarde. La puerta abierta de la iglesia le dió tentación de entrar y caer en el vacío sentada en los banco donde los ancianos solían rezar arrodillados, como muchas veces hacía en otras iglesias. Pero se quedó en la puerta dudando unos segundos y se desvió de dirección.

Finalmente no entró a visitar al cura Don Juan, quién solía sonreírles amablemente en las clases de filosofía.

domingo, 30 de octubre de 2016

Una historia de amor

El negro y la china se dieron un saludo a lo español y... wiiiiii!!! Con ese sonido marciano se cogieron uno al otro dando saltos.

Fin de la historia.
Principio del fin.

La afinidad entre los seres humanos es así de curioso, dos vecinos se desconocen después de 10 años en la misma finca y se encuentran en un viaje en Egipto, un latino-francés y una asiática se ven en España después de tres años pero ni su primer encuentro resulta cruda ni su despedida será para siempre.

En el tren de la vida, en el viaje a casa.
Georgia apenas guardaba energía ya. Se encogió en el asiento tapándose con la chaqueta, sentía cómo se abrazaba a sí misma.  
Cerraba los ojos con tanta paz que cada trocito de su cuerpo se ablandaba gradualmente como nubes, aunque antes de que pudiese hacerse en jarabe, se despertaba y su cabeza empezaba a dar vueltas.
Un día largo, una noche intensa que podría resumirse en #negros, #guitarra, #noche, #en lo más alto de Barcelona.

Mientras tanto, una sonrisa borrosa se colaba en su mente de cuando en cuando. Una sonrisa dulce.

Es bella Barcelona, son bellos los franceses, es bella su música, no quiero irme a casa.

Tren, vamos al fin de la tierra.
Tren, amor de mi vida, no me lleves de vuelta.

domingo, 23 de octubre de 2016

Cuando Peter Pan crece sin querer

Día 6 de Julio, año 6102
De repente me he dado cuenta de que me da miedo pensar. Me siento envuelta de debilidad y temor. Pierdo fuerzas en las manos al escribir, no siento mi propia existencia cuando camino. Es tanta la ansia de amor que es suficiente abrir unos milímetros la cremallera de la grieta de mi corazón para que empiece a asfixiarme... 

Un día después de meses...
Puede resultar escalofriante cuando lees un fragmento escrito por ti y no recuerdas muy bien a santo de qué lo has escrito, sobretodo cuando las primeras tres frases parecen la descripción de un moribundo. 
Bueno, era simplemente otra de las paranoias de Georgia, quien a pesar de su síndrome de Peter Pan, estaba cambiando, quizás para bien, o para mal. 
Le resultaba decepcionante que la gente acierte su edad real cuando hasta hace poco le solían echar menos edad, aunque hay quienes le han intentado alegrar el día y les ha echado dos años menos, no es mucho menos, pero al menos era un pequeño consuelo. 
Lo que le espantaba Georgia no era ni la edad ni los cambios, sino la velocidad en la que le ocurrían esos cambios. A diferencia de los humanos normales, que cambian poco a poco, nuestra protagonista tiene periquitos en la cabeza que a veces daban saltos de kanguros. Una persona suficientemente observador podría percatar diferencias en ella en cuestión de pocos meses. 
Por mucho que independice su cerebro izquierdo del derecho, Georgia no podía evitar ser más sensible cada día hacia las personas, las cosas, hasta la misma atmósfera podían ser nubes de seda en su mente y según color, le podían hacer reír, huir o darle ganas de morir (de emoción, de amor, de temor)

"Cómo te describirías a ti misma?" 
Georgia miró el primer dorado del mar con los ojos todavía más almendrados; la arena templada por la luz le iba apaciguando los huesos hecho cubitos, dicen que las dos horas antes del amanecer son las más frías.
No sabía, o no quería responderse la pregunta, simplemente era clarividente que su corazón era más inalcanzable cada instante, cada vez más cristalino, más frágil, más...y más.
Mientras la vida le atormentaba e intentaba asfixiar su interior con unas y otras mareas, Georgia seguía caminando dando la espalda al mar, evitando que se hundiese demasiado los pies en la arena. 
Como muchos hemos hecho en la vida, detuvo los pasos y miró hacia atrás, tratando de contar las huellas que ya había dejado en este mundo.

Sacó una sonrisa, brillante como el sol.

Buenos días Valencia. Buenos días Mediterráneo.