lunes, 4 de mayo de 2015

Contigo, más que amor

En el momento que Georgia perdió la fuerza en la mano, Marcos supo que la mujer había desistido a la última oportunidad de volver a coger respiro. "No me voy, estoy contigo" le dijo con ternura, aunque el consuelo no duró demasiado; en menos de una hora la mano de Georgia se deslizó de la del hombre y ella no volvió a abrir los ojos.
Hacía ya mucho tiempo que Marcos dejó de saber cómo romperse en llanto; treintaidos años, no demasiados pero suficientes para inmunizarlo de los asuntos de vida y muerte, es un proceso natural de la vida, esta era la conclusión a la que llegó. No obstante sus lágrimas seguían jóvenes. Sin querer, emanaron de sus vistas en dos marchas fúnebres.

En silencio...

Todo se volvió silencioso para Marcos. Suavemente, muy suavemente, pegó los labios a la frente de Georgia y no quiso apartarse más; como si así pudiese reanimarla, como si así ella pudiese sentir cómo suplicaba en su interior a sollozos que no se fuese, que no le prohibiese tener esos poco encuentros fugaces al año que tenía con ella.


"No me voy, aquí estoy contigo"  Georgia le miró con unas miradas que podrían traducirse en novelas, tantas palabras resumidas en un "Tú, y Yo"

Había un amor especial entre ellos, pero eso parecía ser un secreto entre ambos. Marcos decidió no desvelar nunca el secreto y nadie sabrá ya qué es lo que Georgia no llegó a confesar.

Un amor que no era amor, más que amigos.
Un amor que no era amor, era más que amor.

Contigo, más que amor.

lunes, 27 de abril de 2015

Días sensibles, consuelos melódicos

Georgia se quedó tan sumamente enamorada cuando las figuras masculinas se incorporaron entre las sevillanas. Un acto de carácter popular y cotidiano ( o incluso hay quienes lo llaman vulgar) se convirtió en una escena elegante e  inexplicablemente sensual...de tal modo que al día siguiente, al recordarse de ello pensó: me caso con un sevillano, como si supiese que los que bailaban eran sevillanos y el simple hecho saber bailar le fuese a prometer un amor eterno. 

Eso me recordó a  dos noches anteriores...

Tras improvisar una pieza sin fin, me eché encima del piano cerrando los ojos suavemente. La madera del atril me transmitió tanta paz que me sentí en un mar de flores en medio de un bosque, donde no se hallaba nadie quien pudiese estorbarme...

Intentaron despertarla pero sólo consiguieron que Georgia se abrazara más al piano como si fuese el lecho más acogedor del universo.
Música, danza, movimientos sensuales en mente, momentos infelices entre las melodías.
Una vez más ha demostrado que las cuerdas no traicionan nunca.
Jamás...