En el momento que Georgia perdió la fuerza en la mano, Marcos supo que la mujer había desistido a la última oportunidad de volver a coger respiro. "No me voy, estoy contigo" le dijo con ternura, aunque el consuelo no duró demasiado; en menos de una hora la mano de Georgia se deslizó de la del hombre y ella no volvió a abrir los ojos.
Hacía ya mucho tiempo que Marcos dejó de saber cómo romperse en llanto; treintaidos años, no demasiados pero suficientes para inmunizarlo de los asuntos de vida y muerte, es un proceso natural de la vida, esta era la conclusión a la que llegó. No obstante sus lágrimas seguían jóvenes. Sin querer, emanaron de sus vistas en dos marchas fúnebres.
En silencio...
Todo se volvió silencioso para Marcos. Suavemente, muy suavemente, pegó los labios a la frente de Georgia y no quiso apartarse más; como si así pudiese reanimarla, como si así ella pudiese sentir cómo suplicaba en su interior a sollozos que no se fuese, que no le prohibiese tener esos poco encuentros fugaces al año que tenía con ella.
"No me voy, aquí estoy contigo" Georgia le miró con unas miradas que podrían traducirse en novelas, tantas palabras resumidas en un "Tú, y Yo"
Había un amor especial entre ellos, pero eso parecía ser un secreto entre ambos. Marcos decidió no desvelar nunca el secreto y nadie sabrá ya qué es lo que Georgia no llegó a confesar.
Un amor que no era amor, más que amigos.
Un amor que no era amor, era más que amor.
Contigo, más que amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario