viernes, 4 de noviembre de 2016

Don Juan

Padre, cree usted en la reencarnación? - Georgia siguió hablando sin esperar la respuesta de Don Juan, el cura de la parroquia, quien le sonreía como solía hacer años atrás en clase - después de una vida, nos espera otra, hasta alcanzar a todas las virtudes de nuestra esencia y ser tan iluminados como Dios. En Dios sí tiene Fe, verdad? - la preguntó como si ése le fuese a decir que no, aunque la respuesta era obvia.
En el despacho del padre marcaba ya las ocho de la tarde pero las campanas todavía no había sonado, le faltaban cinco minutos. Quizás un ángel haya retrasado adrede el tiempo para insinuar que todavía no era el momento de partida.
Yo estoy convencida de que en la vida pasada fui europea, por eso entrar a una iglesia antigua, normalmente, me trae paz.- confesó Georgia -
Es porque aceptas la paz de Dios, de la naturaleza - aseguró Don Juan - abre tú corazón de la misma manera al mundo y encontrarás la felicidad -

Qué es la felicidad? Una pregunta milenia de la humanidad.

Georgia, mochila en la espalda, botas unisex; juntó sus pasos y contempló el reloj de la torre como si fuese a bajar la bandera. Faltan cinco minutos para las ocho de la tarde. La puerta abierta de la iglesia le dió tentación de entrar y caer en el vacío sentada en los banco donde los ancianos solían rezar arrodillados, como muchas veces hacía en otras iglesias. Pero se quedó en la puerta dudando unos segundos y se desvió de dirección.

Finalmente no entró a visitar al cura Don Juan, quién solía sonreírles amablemente en las clases de filosofía.

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