8.18 a finales de mayo. Una mañana normal y corriente, alegre, lindo...
Fue cuando Georgia empezó a soñar con encuentros románticos. Obviamente, para ella encuentro romántico no era precisamente cita inolvidable con persona romántica en un lugar romántico. Romántico era para ella caminar entre la Europa antigua y sentirse teletransportada siglos atrás, cuando todo era más bello aunque también más sufrido. Más romántico era un cadáver exquisitos de versos en un café neoclásico. Absoluto romanticismo era una tertulia de instrumentos, tocar con músicos fantasmas sin que importe dónde y cuándo...
En la llanura de Mongolia, en la parada de metro como los vagabundos, en el bosque, a las 12h bajo un sol desértico, a la hora de un té inglés o a horas misteriosas de media noche.
Georgia sabe que eso le hacía feliz.
Enconde entre las teclas de su amado piano sentimientos que la gente desconoce de ella...
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